A veces existo y a veces no. Aparezco y desaparezco. Soy un instante fugaz en la inmensidad de tus recuerdos, una pequeña chispa de luz que a veces se enciende y se apaga en el oscuro sinfín de tu memoria. Te miro, me miras confuso, con la mirada vacía, hace ya algún tiempo que empezaste a dejarnos. Me preguntas: ¿Quién eres? Y entonces una enorme tristeza se apodera de mí, mis ojos se humedecen, no soportan tanta pena y dejan caer gélidas lágrimas sobre mis sonrojadas mejillas, lágrimas que contienen tantas emociones y sentimientos guardados… destinadas a desvanecerse en un abismo. Lágrimas que brotan desde mi alma rota a pedazos desde que poco a poco te fuiste marchitando, alejándote, dejando de ser tú. Me sigues mirando extrañado, me acerco a besarte una mejilla, me apartas asustado, no me conoces, para ti soy alguien ajeno, me vuelves a preguntar: ¿Quién eres? Soy tu nieta, la niña de tus ojos, a la que llevabas de pequeña a las colchonetas de la feria, a la que le comprabas churros con chocolate para desayunar, a la que calmabas cuando me desvelaba en mitad de la noche cuando tenía pesadillas, aquella niña que se escondía aterrada entre el edredón de tu cama cuando escuchaba de madrugada los aullidos de los lobos en el pueblo, la niña a la que protegías como si fuera un tesoro. Al parecer ya no pertenezco a tus recuerdos, fui un instante y luego desaparecí. Poco a poco has ido dejando de ser dueño de ti mismo, la enfermedad ha secuestrado tus recuerdos más recientes, dejándote anclado en épocas de tu vida  en las que yo aún no existía, dejándote anclado en tu juventud. Poco a poco te has ido ausentado, ya no puedo encontrarte en tu mirada, para mí también eres alguien desconocido, tu ser se ha ido desvaneciendo entre la inmensidad, pocas veces puedo volver a encontrarte, pero solo por poco tiempo, ya que en cuestión de segundos vuelves a disiparte. Y es que lo peor de todo no es el saber que el tiempo se nos echa encima y que acabarás apagándote en cualquier momento, lo peor es tenerte presente, tener tu cuerpo sentado en la silla, sabiendo que tú ya no estás y que jamás volverás, algo que me retuerce las entrañas, siento impotencia y rabia, emociones que hacen llorar a la parte de mi alma que no te llevaste con tus recuerdos.

Espero al menos que me tengas guardada en algún lugar remoto de tus recuerdos, algún lugar en el que el alzhéimer no haya sido capaz de llegar, algún lugar recóndito fuera del alcance de este mal. Te quiero abuelo.

“Mientras unos luchan por olvidar, otros luchan por recordar”

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