¿Alguien dijo miedo?

Querido lector, si alguna vez has tenido que pasar por alguna intervención quirúrgica y has sentido terror al pensar en no despertarte de la anestesia, no, no eres el único. Hace un año tuve que someterme a una intervención quirúrgica de aproximadamente cinco horas, la operación consistía en reconstruir unas mamas hipertóficas (mamas grandes), las cuales si no se operaban, con los años podría acabar desarrollando ciertas complicaciones, una de ellas es cáncer de mama, ya que el hecho de tener una glándula mamaria hipertrófica y antecedentes familiares de cáncer de mama, aumentan las posibilidades de desarrollar este tipo de enfermedades. Extirpando gran parte de la glándula mamaria las posibilidades de desarrollar cáncer de mama disminuyen considerablemente. Pues bien, estaba más que escrito que necesitaba realizarme una intervención de ese tipo, así que me dispuse conjuntamente con mis padres a contactar con el cirujano en cuestión. En este tipo de intervenciones el responsable de llevarlas a cabo es el cirujano plástico reconstructivo, desgraciadamente éstas pertenecen al ámbito privado, al igual que otras muchas reconstrucciones, debido a que las intervenciones de cirugía plástica reconstructiva por sanidad pública están muy restringidas por su alto coste.

Al principio estaba bastante perdida, no tenía ni PUÑETERA idea en qué manos ponerme, además no me acababa de fiar de las recomendaciones que hallaba por internet, ya que existe un gran intrusismo en el ámbito de la cirugía plástica, además no hacía mucho habían informado los medios de comunicación sobre el riesgo para la salud de los implantes PIP y los casos de mujeres a las que se les habían roto los implantes. Esas informaciones alimentaban a mi inseguridad acerca de mi intervención, algo que me preocupaba. Por otra parte esa información me mentalizaba más sobre la importancia de las manos que quería que me operasen para que no me ocurriera como a aquellas mujeres. Someterse a cualquier tipo de intervención quirúrgica es algo MUY SERIO y muchas personas no acaban siendo del todo conscientes, son miles las ofertas tiradas de precio que se anuncian en internet sobre intervenciones de cirugía plástica en las que miles de personas acaban cayendo y acaban poniendo en riesgo su salud. Cualquier intervención de cirugía plástica requiere un alto coste, cuanto más barata sea ésta, mayor peligro corre tu vida, ya que se recorta tanto en material, como en anestesia etc. NO TE ENGAÑES, en lo que a cirugía se refiere NO HAY GANGAS. No podemos poner nuestra vida en peligro por una simple oferta, ya que puede ser que jamás volvamos a despertar después de la anestesia.

Fue mi vecina quién me recomendó uno de los mejores cirujanos plásticos españoles, me informé bien y decidí dar el primer paso que cambiaría mi vida, me dispuse a tener una primera visita. La doctora en cuestión me informó sobre cómo se realizaría la intervención, el tiempo que ésta duraría, y el tiempo que estaría ingresada, además me hizo saber que era una intervención compleja que normalmente suele ser dolorosa. DOLOR, palabra a la que tememos la mayoría de personas, en ese momento se me estremeció cada parte de mi cuerpo, se me vino a la cabeza una imagen horrorosa de mí, postrada en la cama sin poder moverme. Mi rostro cambió radicalmente, la cirujana se percató e intentó calmarme diciéndome que cada cuerpo es diferente, y es que no le faltaba razón alguna, me paré a pensar y es cierto que el DOLOR depende de cada cuerpo y de cómo la persona afronte la propia intervención. La operación estaba en camino, se iba a realizar justo al mes de la primera visita, cuatro semanas de nerviosismo en las que mi cabeza no podía pensar en otra cosa. MAL, MUY MAL, porque estaba en plena época de exámenes y el hecho de saber que faltaban cuatro semanas para la intervención me distraía totalmente.

Y así transcurrieron las cuatro semanas, por fin llegó el día, TACHÁN, TACHÁN, ya no había vuelta atrás, a las cuatro de la tarde ya estaba llevándome el celador hacia el quirófano. Durante el corto trayecto mantuvimos una corta conversación para quitarle hierro al asunto, aunque si os soy sincera, no estaba nada NERVIOSA (o eso creía), algo que en parte me preocupaba. Por dentro me preguntaba: ¿Sara cómo COJONES estás tan tranquila? Te van a anestesiar casi cerca de cinco horas ¿es qué no eres consciente? Después de hacerme estas preguntas la única respuesta que pude hallar fue que mi estado de tranquilidad se debía a cómo estaba afrontando la situación, y es que la estaba afrontando y viviendo con mucho HUMOR, y es que no hay nada mejor como tomarse las cosas con humor. Yo pensaba, haber, si me muero no voy a enterarme absolutamente de nada porque voy a estar totalmente anestesiada, además estaba en muy buenas manos, así que la idea de no volver a despertarme de la anestesia se me pasaba muy poco por la mente. Aunque lo que si me rondaba por la cabeza era lo siguiente: ¿Y si me despierto durante la cirugía? Seguro que no soy la única persona que se ha hecho esta pregunta, seguro que tú, querido lector, si te has sometido a algún tipo de cirugía o te vas a someter, alguna vez te has planteado esto mismo. Lo cierto es que es algo que sí puede suceder, pero en quirófano estás tan monitorizado que en caso de que esto suceda, es tan rápida la actuación del anestesista que no te ENTERARÍAS ABSOLUTAMENTE DE NADA y seguirías “durmiendo plácidamente”. Después de hacerme estas preguntas internas, la cirujana me cogió de la mano y entré al quirófano con ella, entré entre carcajada y carcajada, ya que llevaba puesta la típica BATA de hospital que por detrás está abierta y por lo tanto se te ve toda la parte trasera, y claro, pues…Yo iba totalmente desnuda y veía a tanta gente circular por el quirófano que sufría porque me vieran mis ejem… GLÚTEOS desnudos, por decirlo así finamente, así que yo iba diciéndole a la cirujana:

– ¡Dra. Montull que se me ve el culo!

Y ella me contestaba:

+ No, tranquila que yo voy detrás de ti tapándote, todo controlado, ¡NO SE TE VE NADA! Y así entre carcajadas acabé tumbada en la mesa de operaciones. Una vez estirada, me quedé observando la gran luz del quirófano que me deslumbraba por completo, y a la gente que entraba y salía del propio quirófano, faltaba por llegar aún el Dr. Mañero, el cirujano que conjuntamente con Dra. Montull iba a realizarme la intervención. De repente un médico que ya se encontraba en quirófano, se acercó a mí, se presentó como el anestesista y me preguntó: ¿Cómo te llamas jovencita? A lo que le respondí mi nombre. Seguidamente me preguntó: Sara, ¿estás nerviosa? Y le respondí con un NO rotundo y una sonrisa; momentos más tarde una enfermera me cogió del brazo izquierdo y me administró algo, supongo que el antibiótico previo a la operación. Me quedé contemplando el brazo mientras las facciones de la cara me CAMBIABAN POR MOMENTOS, ahora SÍ empezaba a estar NERVIOSA, el corazón empezó a latirme cada vez más rápido, la boca se me secó, apenas podía tragar saliva, mi frecuencia respiratoria iba en aumento y por un momento se me pasó por la cabeza salir corriendo del quirófano, sí, CON EL CULO AL AIRE como en las películas, pero eso no era una solución viable al miedo que sentía, yo misma por dentro intentaba auto calmarme con palabras tranquilizadoras. El anestesista se percató del temor que reflejaba mi rostro, entonces me llamó por mi nombre y me dijo: Sara, tú tranquila, yo ahora te voy a preparar un cubata, ¿de qué lo quieres? Yo en aquel momento no entendía NADA, ¿HA DICHO CUBATA? Me dije a mi misma, mi cabeza estaba bajo tal situación de ESTRÉS que me costó entender su pregunta, al cabo de unos segundos lo entendí todo, el anestesista estaba intentado distraerme para tranquilizarme justo antes de administrarme la anestesia, entonces, una CARCAJADA mía estalló en quirófano, le miré y le dije lo primero que se me pasó por la cabeza: Prepárame VODKA CON FANTA DE LIMÓN, le contesté riéndome, entonces él prosiguió a colocarme la mascarilla, YA ERA LA HORA, mi visión se nublaría y perdería la noción de todo lo que me rodeaba. Mientras me colocaba la mascarilla le miraba fijamente a los ojos, no le apartaba ni por un segundo la mirada, mis ojos reflejaban el temor que sentía, él acercándome su cara me dijo: Ahora respira tranquilamente. El doctor me clavó su mirada, una mirada dulce que susurraba en silencio dulces sueños, me transmitió mucha tranquilidad, entonces aparté la mirada de él, y volteé la cabeza, mi mirada se centró en la luz del quirófano, aquella luz blanca que me deslumbraba y de la que a los pocos segundos perdí la pista. Poco después yacía en la mesa de quirófano bajo los efectos de la anestesia.

La intervención fue genial, no hubo ninguna complicación, cinco horas después desperté y volví a ver luz.

No fue para tanto, gracias al calor humano y al divertido humor que hubo por parte de los profesionales sanitarios el miedo que sentí en quirófano desapareció. Yo pensaba que entraba tranquila, me auto engañé sin saberlo, pero cuando la realidad me hizo ser consciente de la situación, me di cuenta que lo que había estado haciendo justamente durante las cuatro semanas anteriores a la intervención, había sido auto engañarme. Es normal sentir miedo ante situaciones y experiencias nuevas, no por ello nos debemos dejar vencer por estas emociones. Muchas veces perdemos cosas por miedo a perderlas, valga la redundancia, tenemos que aprender a gestionar esas emociones, aunque muchas veces es algo difícil de conseguir por uno mismo, normalmente necesitamos el apoyo de otras personas para avanzar.

Querido lector con mi historia quiero mostrarte que a veces hay que utilizar el humor en algunas situaciones de la vida para vencer a aquellas emociones negativas que se apoderan de nosotros y nos impiden seguir. ¡Reírse de aquello que nos asusta! Plantarle cara con una carcajada ¿por qué no? Si no afrontamos algunas situaciones de esta manera, posiblemente nos vayamos haciendo cada vez más pequeños, más desconfiados, temiendo a cualquier situación que salga fuera de lo normal, así que cuando sientas miedo, o sientas que algún acontecimiento te supera, piensa en mi historia y en cómo la afronté.

“El sentido del humor hace descubrir muchas cosas en el mundo que sin él no se descubrirían. La risa no sólo es una cuestión divertida, sino un modo de conocer la realidad” Antonio Cayo Moya

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¿Cómo aceptar el fracaso?

Queridos lectores, en esta nueva entrada voy a remontarme a mi yo de dieciséis años, cuando cursaba por fin el último año de E.S.O, estaba especialmente motivada, ya que iba a empezar una nueva etapa que me acercaría cada vez más a la universidad, destino del que nos hablan desde que iniciamos la secundaria, siempre inculcándonos que nuestro objetivo es llegar a ella, y por tanto a la carrera deseada para realizar los estudios que uno desea con todo su ser. Pues bien, motivación no me faltaba alguna, tenía más o menos claras las carreras a las que quería acceder, o eso pensaba justo antes de comenzar bachillerato científico. Al acabar cuarto de E.S.O una felicidad inmensurable recorría cada parte de mi cuerpo, estaba eufórica, después de cuatro años, por fin, daba por finalizada una etapa llena de momentos, experiencias, emociones y situaciones que me habían hecho crecer como persona. Acabar ese curso significaba decir adiós a algunas personas, continuar con aquellas que habían estado siempre a mi lado y conocer a otras nuevas que llegarían en el próximo curso.

Ese verano de cuarto a primero de bachillerato se marchitó tan rápido al igual que se marchita un suspiro, fue veloz pero lleno de historias de aquellas que dejan huella en el alma. En menos de lo que canta un gallo ya había retomado de nuevo las clases, esta vez, en bachillerato, la primera impresión que tuve de éste fue buena, las primeras semanas eran soportables, pero a medida que el calendario avanzaba, las clases y el ritmo iban cargando aún más mis espaldas, y entonces llegaron los primeros suspensos… Sí, SUSPENSOS, has leído bien, jamás me habría imaginado recibiendo tal avalancha de deficientes, ¿yo? ¿suspensos? ¿PERO ESTO QUÉ ES?, pues sí, la REALIDAD me estaba abofeteando descaradamente, incesante. ¿Cómo a mí me podía estar sucediendo semejante cosa? A mí, que desde pequeña había sido niña de buenas calificaciones, haciendo gran esfuerzo puesto que nunca he sido una LUMBRERAS. Mi cabeza no era capaz de asimilar semejante situación. Cada vez la presión era mayor, los alumnos parecíamos ganado al que hinchaban de información; tragábamos y tragábamos información, de la cual solo entendíamos una mínima parte, o almenos eso era lo que me ocurría a mí. Y así pasaron los dos años de bachillerato, agobiada, triste, desmotivada, viendo como compañeros míos avanzaban y otros se quedaban atascados como yo, sin que ningún profesor nos motivara para salir adelante. Poco a poco fui haciéndome pequeña, creyéndome miserable, mi destino estaba escrito ya desde el minuto uno que decidí cursar bachillerato. Mis ilusiones, mis sueños, se desvanecían a pasos gigantescos, y mis ganas y posibilidades para entrar a medicina se consumían, como cuando una vela es devorada lentamente por el fuego. Como era de esperar, no, no conseguí gran nota para poder entrar a la carrera que deseaba, entonces en mi cabeza el pesimismo recalcaba día tras día en ella la palabra FRACASADA, sí, señores, FRACASADA, así es como me sentía. Había fracasado en mi intento por aprobar bachillerato con buena nota para más tarde poder acceder a medicina, ese sentimiento desgarrador me arrastraba cada vez más al fondo de un pozo oscuro del cual no era capaz de lograr ver alguna salida. Por suerte, cuando me encontraba en esa espiral enorme de pesimismo los que me ayudaron a salir de ésta sobretodo fueron mis padres y mis amistades, ellos creían en mí, y me lo demostraban día tras día, pero no me di cuenta hasta que levanté un poco la mirada y empecé a observar  todo aquello que me rodeaba, había pasado tanto tiempo cayendo en aquella espiral que no era capaz de percatarme en todo aquello que podía remediarse dejando a un lado el maldito derrotismo y escuchando las palabras de ánimo de las personas más cercanas a mí.

Tenía que volver a creer en mí, en mis capacidades, si otros ya lo hacían ¿por qué yo no? Y fue entonces cuando dejé de escuchar las palabras dañinas que lanzaban algunos profesores como si de dardos venenosos se trataran, y empecé a centrarme en todos los comentarios benévolos que me dedicaban mis personas más queridas. Éstos últimos encendieron de nuevo en mí la motivación para acabar bachillerato, a pesar de que ya no podía optar por acceder a medicina, algo que cada vez que se me pasaba por la mente mis entrañas se retorcían de rabia e impotencia.

Aceptar mi fracaso era la única solución para seguir adelante. Pasé por las cinco fases del duelo en menos de una semana: Fase de negación, fase de negociación con la realidad, fase de depresión, fase de la ira y por último fase de aceptación. No fue fácil llegar a la última fase del duelo. No es nada fácil ACEPTAR un fracaso, pero de algo de lo que me di cuenta es que jamás debes de caer en la trampa de conformarte con éste, entonces, amigo, sí que estás perdido.

Asumir un fracaso, en cualquier aspecto de la vida, te hace crecer como persona y por lo tanto buscar nuevos caminos para revertirlo. Muchas veces pisamos en falso y desfallecemos justamente cuando apenas nos quedaban un par de escalones para llegar a nuestra meta, no por ello debemos caer en la fosa de la desesperanza y desilusión. Ya sé que es fácil decirlo, pero difícil llevarlo a la práctica, pero en mí tienes un claro ejemplo de cómo acabé superando el gran muro (bachillerato) que impedía dejarme entrar a la universidad. Muchas veces solo necesitamos levantar un poco la cabeza y escuchar a las personas de nuestro alrededor que son las que están constantemente apoyándonos, pero sobretodo hay confiar en uno mismo, sin dejar que comentarios y palabras de mal gusto nos desmotiven, siempre van a existir aquellas personas que se encargan de hundir a aquellos que saben que pueden dar mucho más de ellos mismos, la envidia es veneno puro.

Ahora que ya conoces mi historia, solo  decirte que TÚ puedes con todo lo que te propongas, siempre van a existir obstáculos, pero confiando en uno mismo se pueden saltar fácilmente, así que no te desanimes, lucha por aquello que quieres, si yo confío en TI, ¿por qué TÚ no?

“Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender”. (Charles Dickens)

¿Quién soy?

Querido lector, seguramente te estás preguntando quién es lahormonarevoltosa, y quién se esconde tras este divertido dominio, pues bien, primeramente darte las gracias por estar leyéndome, espero que te agrade lo que leas en este blog, debo decirte que está creado con mucho cariño y que todos los relatos escritos en éste serán totalmente sinceros. Una vez dadas las gracias, va siendo hora de presentarme, pues bien, mi nombre es Sara, soy estudiante de enfermería y la finalidad de este blog es dejar de hacer sentir incomprendidas o perdidas a personas como tú, me explico, seguramente te has sentido muchas veces PERDID@ o INCOMPRENDID@. En este blog explicaré situaciones que me ha tocado vivir, además del mar de sentimientos y emociones que he podido experimentar viviendo éstas mismas. Con mis relatos quiero que por lo menos dejes de sentirte perdid@ o incomprendid@, seguro que en algún momento acabas sintiéndote identificad@ con alguno de mis relatos, ¡Y eso es lo que quiero!

Muchas veces nos sentimos perdidos, vacíos, sentimos que un gran agujero negro nos va absorbiendo, va derrumbando nuestras ilusiones, ambiciones, sueños… Y del cual no tenemos ni la más remota idea de cómo salir de éste que poco a poco nos consume. Por mi experiencia, cuando nos encontramos en esa terrible espiral, algo que nos puede ser útil para salir de ella, es escuchar y conocer la historia de otras personas que se encontraban en la misma situación que TÚ y que se sentían como TÚ, solamente escuchando con detalle su historia e identificándote con ésta, es posible salir del agujero negro. Simpatizar con historias similares a las de uno mismo, encienden de nuevo en nosotros la motivación y las ganas para salir adelante y ver más allá de ese pozo oscuro en el cual sin saber ni cómo ni cuándo nos habíamos caído.

Espero que me acompañes en esta larga travesía en la que me acabo de embarcar ¡Querido lector!

” Una persona no puede directamente escoger sus circunstancias, pero si puede escoger sus pensamientos e indirectamente -y con seguridad- darle forma a sus circunstancias”. (James Allen)